UN OTOÑO EN PORTUGAL

PREPARATIVOS

FECHAS:

Inicio: 23 de Setiembre

Final: 20 de Octubre

VIAJER@S:

Alfonso, Ana, Carlos B., Carlos P., Edita, Francis, Helena, Jesús.

Este año hemos retrasado bastante las vacaciones, así que a finales de Setiembre, y después de barajar otras posibilidades, decidimos hacer una incursión en el país vecino: Portugal.

El día de inicio depende de quién lo explica. Me explico, valga la redundancia: Los primeros en iniciar viaje son Francis y Carlos, desde las proximidades de Barcelona, que arrancan el 23 con la intención de pasar a ver sus familiares por Cartagena. Jesús y Ana salen dos días más tarde, para unirse a Francis y Carlos en la Venta del Peral y seguir viaje hacia Algeciras, de donde partiremos el 26 junto a Edita y Alfonso, y, finalmente, Carlos y Helena saldrán de Girona el 11 de Octubre, para encontrarnos ya a mitad de viaje y compartir la ruta por la zona norte de Portugal. Vamos con el "día a día".

Día 26.- Por la tarde, después de comer en la Venta del Peral, los ”COMPICAMPER” nos reunimos en Algeciras. Cenamos en casa de Edita y Alfonso junto con sus compadres, Mané y Ana y Fali y Ana. Amigos de aquí y de allá que ya somos viejos conocidos. Entre comentarios, risas y vinos, se perfilan los planes de viaje. Mañana, en marcha.

Día 27.- Alfonso ha preparado una rutilla por la provincia de Cádiz. Salimos de Algeciras por caminos, y pronto nos adentramos en una antigua zona militar, hoy Parque Natural, donde visitamos algunos bunkers y unas pantallas de camuflaje integradas en el paisaje para evitar que el enemigo desde el otro lado del estrecho viera el movimiento de las tropas. El camino transcurre por la costa con unas vistas espectaculares. Visitamos el faro de Guadalmesí así como otros puntos interesantes: las dunas móviles, playas preciosas... Poco después llegamos a Tarifa una ciudad bonita y acogedora llena de surfistas, donde nos comemos un plato pescaíto frito en el mercado, para salir de nuevo a la carretera. Comemos en el Betis, una zona de escalada con buitreras y con fuerte viento. Ya en la playa de Bolonia, por la tarde, no llegamos a tiempo de visitar las ruinas Romanas ya que cierran pronto,  pero si damos un buen paseo por la playa y sus dunas y algo vemos de las ruinas desde fuera. Ya al anochecer llegamos a Los Caños de Meca donde hacemos noche en el Camping Pinar de San José.



Día 28.- Por la mañana nos preparamos, como todos los días, con un buen desayuno, para ver cuantas más cosas mejor. Empezamos por visitar el faro de Trafalgar, donde hay que pasar por un tómbolo. Alfonso nos explica que es y cómo se forma. Hace un fuerte viento y volviendo a los coches tragamos arena por un tubo. Hay zonas en las que la carretera está inundada por la arena, con lo que no echamos de menos las pistas del Sahara. A continuación nos dirigimos a la Breña donde visitamos su famoso palomar del siglo XVIII. Había más de 7000 nidos, donde criaban pichones.  (intentamos comprar el palomar pero nos dijeron que estaba ya reservado). Nos detenemos en un área de picnic  para comer. Continuamos hacia Cádiz, cruzamos por el puente de la Constitución de 1812 y nos dirigimos hacia Sanlúcar de Barrameda donde pasamos la noche en el área de autocaravanas, bastante bien equipada y bien atendida. Nos aconsejan donde cenar, como colocarnos, donde comer mañana, se  interesan por nuestra próxima visita a Doñana... Cenamos cerca, de tapeo.




Día 29.- Por la mañana nos dirigimos al puerto de Sanlúcar, a Bajo de Guía, donde desayunamos antes de subir a la barcaza que nos cruzará el río para visitar el Parque de Doñana, las marismas y el coto en todo terreno y luego volvemos a Sanlúcar en  barco. La visita al parque ha merecido la pena con sus 28 Km. de playa virgen, sus animales recorriendo el parque, esas dunas increíbles que van engullendo los pinos, los "ranchos", que son las antiguas cabañas de los pobladores...  casi perdemos el barco de vuelta. Nos dirigimos al mercado, donde, en el bar, te cocinan lo que hayas comprado. Así que empezamos "la dieta". Después, ya a la tarde, vamos hasta Coria del Río para cruzar el Guadalquivir en la barcaza y dirigirnos, por el camino del Rocío, hasta Aználcazar, donde nos detenemos en una pineda a pasar la noche. 

Día 30.-Después del desayuno nos disponemos a hacer la ruta rociera siguiendo la vega del Guadalquivir, con imponentes campos de naranjos, arroz y toda clase de cultivos. Cruzamos el Vado del Quema, donde hay una imagen de la Blanca Paloma, y continuamos por la Raya Chica y la Raya Real. Después de algún que otro "despiste" con los caminos, nos tenemos que volver por carretera hasta la aldea del Rocío. Después de visitar la ermita nos vamos a Matalascañas, donde comemos en un restaurante frente a la playa y luego damos un paseo por el parque dunar. Seguimos viaje hacia Ayamonte con la intención de cruzar el río Guadiana en ferry, pero el puerto de Vila Real está en obras y no admiten vehículos, así que nos toca ir a buscar la autopista y cruzar por el puente nuevo. Ya en Portugal, nos acercamos hasta Castro Marin, y nos disponemos a pasar la noche en el área de ACs, no sin antes visitar el castillo y dar un paseo por el pueblo. Hay que estirar un poquito las piernas.



Día  1.- Después de desayunar, hacemos unos pocos kilómetros hasta Vila Real do Santo Antonio. Damos un paseo, hacemos alguna compra y seguimos en dirección a la playa de Montegordo. Almorzamos en un bar de la playa después de darnos un chapuzón, y a continuación salimos hacia Tavira. Tavira  nos sorprende a todos: una ciudad acogedora, digna de visitar y pasear por sus calles y, especialmente, el Puente Romano. Continuamos en dirección Oeste y nos detenemos en el parking de una playa próximo al acceso de la isla del mismo nombre para pasar la noche, eso sí, después de comprobar que la tarifa del parking es muy económica. La vista de las marismas y la ría de Formosa, no tiene precio.



Día 2.- Intentamos amortizar el "privilegio" que tenemos de despertarnos frente al mar y desayunamos allí mismo. Vamos a pie hasta la playa do Barril, ya en la isla. También se puede acceder en un pequeño tren que recorre alrededor de los 3 kilómetros que la separan de "tierra firme". La playa se caracteriza por tener varios cientos de anclas en la arena cumpliendo una doble función: decorativa y de contención de la arena. Volvemos hasta los coches y salimos en dirección a Faro. Recorremos algunas de sus calles, obviamente adoquinadas y haciendo dibujos, característica que veremos en muchos otros sitios de Portugal, damos un paseíto en un tren turístico y comemos en el casco antiguo. Continuamos viaje hacia Loulé. Se supone, según la guía, que es una ciudad en la que hay mucha artesanía, corcho, cerámica, etc., pero la  verdad es que está todo cerrado, quizá porque es festivo, pero nos frustra un poquillo. Así que, de nuevo a los coches para dirigirnos hacia Pera, de nuevo en la costa del Algarve. Nos metemos en el área de ACs de Armaçao da Pera, a pie de playa en un enclave precioso.


Día 3.- A las 8, hora portuguesa, ya estamos en pie para dar un buen paseo por la playa, algunos nos bañamos y volvemos a los coches para desayunar.
Salimos de Armaçao ya tarde y nos dirigimos a Pera para visitar las esculturas de arena en el parque Fiesa. Poco se puede decir. Grandiosas, curiosas, divertidas. Este año están dedicadas a la música, y hay para todos los gustos. Desde esculturas dedicadas a la música clásica, hasta los representantes de la música más moderna. Pasamos por Lagoa, donde nos sorprende encontrar casi todo cerrado. Aun así, descubrimos lo que parecen ser estaciones del Viacrucis repartidas por la población. Volvemos hacia la costa para visitar Carvoeiro y comemos allí. No acertamos con la elección del restaurante y por primera vez en el país vecino comemos regular y no nos tratan con la amabilidad que caracteriza a nuestros vecinos. Después de comer buscamos la playa da Marinha, entre acantilados y cuevas. Aparcamos, damos un paseo por los acantilados y disfrutamos por enésima vez de las maravillosas costas del sur. Barajamos la idea de quedarnos por allí a dormir, pero como ya llevamos unos días de mar decidimos viajar hacia el interior, a Caldas de Monchique un centro de balnearios pero sin termas ni pozas públicas. Pernoctamos en el camping caravaning de Vale da Carrasqueira, un pequeño caravaning (unas 15 plazas, solamente) ocupado mayormente por jubilados del Norte de Europa y desde que llegamos nosotros, también por jubilados del Sur. Cenamos, y a dormir. Menos mal que viajamos sin niños, ya que parece que no son bienvenidos.

Dia 4.- Madrugamos y aprovechamos para hacer la colada y establecer relaciones diplomáticas con los vecinos. El buen día permite secar la ropa con rapidez, y, cerca ya del mediodía salimos del camping, por carreteras de montaña, hacia el Monte Foia, el punto más alto del Algarve. Cuando descendemos, nos metemos por lo que se supone que son atajos, carreteritas muy estrechas, con fuertes pendientes y  curvas impresionantes, atravesando una zona de bosque que había sido pasto de un incendio. Cuando llegamos a la carretera principal, cerca de Fontainhas, paramos
a comer en un bar de carretera. Hoy si, excelente elección. La especialidad del restaurante A Choupana es el leitón, (cochinillo), que no tiene nada que envidiar a su homónimo segoviano, y comemos hasta hartarnos. Aún nos llevamos comida sobrante, que nos servirá para cenar. Y además, bien de precio. Después de sestear un rato en el parking de un supermercado, aprovechamos para recargar neveras y seguimos viaje hasta Sagres. Hace un fuerte viento, pero no nos impide ver una maravillosa puesta de sol desde lo alto del acantilado. Nos instalamos a dormir en el parking, en el que hay varias autocaravanas. Pasamos de cena ya que aún nos dura el cochinillo y dejamos la celebración de San Francisco para mañana.


Día 5.- A las 8 de la mañana ya hay gente en la playa paseando, haciendo gimnasia, y, como no, surfeando. Después de desayunar, salimos hacia Cabo Sao Vicente. Paramos en el faro, disfrutamos de las vistas, hacemos fotos y salimos dirección Norte. Ahora toca disfrutar de la costa Vicentina. Pasamos por Vila do Bispo y continuamos hasta la Praia de Garrapateira. Por la tarde, avanzamos hasta Vale Figueira, donde nos instalamos en un parking en la playa y hacemos una cena a base de churrasco y vinito de Rioja. 

 
Día 6.- Hacemos el paseo matutino, (algunos, no todos) con niebla espesa, esta vez acompañados de dos grandes perros que quieren jugar. Después de desayunar, salimos hacia Monte Clerigo, donde sigue acompañándonos la niebla, y visitamos también el Cabo Sardao. Almorzamos en el Puerto de Sines, lleno de gaviotas, y, después de un paseo por el muelle, salimos en dirección a Santiago de Cacem, en el interior. Aparcamos en un parking con zona de ACs, y, ¡sorpresa! estamos al lado de la piscina municipal. "Alguien", no se sabe quién, fanátic@ de la cosa del remojo, se interesa por los precios y, como no, decidimos aprovechar para darnos un baño/ducha al módico precio de 1,30€. Cenamos pizzas y risas.


Día 7.- Amanecemos en Santiago de Cacem después de dormir relajados gracias a la hora de piscina. Unos optan por desayunar en un Centro Comercial cercano y otros, a pie de furgo. Hoy vamos a visitar las ruinas romanas de Miróbriga. Vamos a pie, ya que según Mister Google Maps, está ahí al lado. Bueno, es un paseíto pero llegamos, después de atravesar alguna que otra propiedad privada. Merece la pena tanto la visita como el paseo. Cogemos las furgos y tiramos de nuevo hacia la costa, que ya ha cambiado los acantilados, que quedaron atrás, por largos arenales abiertos al océano. Llegamos a la playa de Melide, visitamos su curioso mercado y seguimos una pista hasta un pinar donde almorzamos. Por la tarde de nuevo salimos a la carretera y llegamos a Comporta, un pueblo con mucho turismo extranjero y cultivos de arroz en torno a la marisma. Nos instalamos en el parking de la playa donde pasamos la noche sin ningún problema.

   

Día 8.- En muchas de las playas portuguesas nos encontramos con pasarelas de madera que se adentran en la arena y sirven tanto para transitar como para contener las dunas. Comporta también las tiene, incluso iluminadas por la noche. Después del desayuno y de dar un paseo por la playa, nos duchamos en los servicios de la playa y a poco de empezar a circular de nuevo entramos en la Manga de Troia. Troia es un paraíso turístico de calidad. Solo cuatro torres de pisos rompen el paisaje que integra casi a la perfección turismo y naturaleza. Los jardines muy cuidados, están muy bien  equilibrados con flora autóctona.

   

Cogemos el ferry para Setúbal y así nos ahorramos una buena vuelta por carretera. Se cruza en poco más de un cuarto de hora, y salimos a la ciudad justo a la hora de comer. Paramos en el restaurante “Cataplana” que nos sirvió “rodizio de peixe” a la brasa hasta que no pudimos comer más. Si no les decimos que paren, aún seguimos allí, creo. No sé si les compensamos como clientes. Paseamos por Setúbal, vamos a Información Turística y ya al atardecer, salimos en busca de un sitio de pernocta. El área de ACs no nos parece adecuada, así que seguimos por la carretera de la costa, en busca de un furgoperfecto que encontramos a los pocos km. en Praia da Figueirinha. Hay que reconocer que tenemos suerte con los sitios a pesar de que, en la mayoría de casos y a pesar de nuestros mejores propósitos, llegamos siempre de noche. Allí conocemos a Dani y a Yolanda, valencianos que viajan en una T4 y vamos a coincidir con ellos en los próximos días varias veces.


Día 9.- Volvemos a Setúbal ya que, aconsejados por Información Turística, queremos visitar el Mercado, que abre los domingos. Desde Praia da Figueirinha a Setúbal pasamos por un camping naturalista y ecológico donde teníamos pensado echar el día y hacer otra colada,” mais nao ha lavadora”, así que lo descartamos. Desayunamos en el bar del mercado, café con leche y “torradas con manteiga derretida”, contundentes pero muy ricas. Nos ponemos de nuevo en marcha desandando el camino que hemos hecho esta mañana para dirigirnos al parque Natural da Arrábida. Por la
ruta, disfrutamos de unas preciosas vistas de la manga de Troia. Llegamos hasta el Cabo Espichel, visitamos el Santuario da Nosa Senhora do Cabo y, después de comer en la Praia da Foz, enfilamos hacia Fonte da Telha, pero para dar un poco de ambiente, en Apostica nos desviamos por una pista arenosa que atraviesa el pinar de Arneiro, "aconsejados" por el GPS. Al poco rato, empanzamos uno de los coches en un rasante. Nada que  no se solucione con un par de empujones y la ayuda de un chico de la zona, que nos guía hasta el acceso de Fonte da Telha. Creíamos que había camping, pero no. Así que nos instalamos en frente de la playa. Hoy parece que no salen los tractores a tirar del copo, forma de pesca típica de Costa da Caparica. Jesús lo intenta con la caña, sin suerte. Dani y Yolanda también están, han llegado antes, por carretera, claro. El tema lavadora e higiene en profundidad queda aparcado.

 

Día 10.- Aseo, desayuno, paseo matutino por la playa, despedida de los valencianos y en ruta para la conquista de Lisboa. Entramos por el puente 25 de abril, pagamos el peaje de entrada (hay que destacar que no se cobra a la salida) y vamos directos al camping Lisboa Monsanto. Nos arreglamos y salimos para coger el bus hacia el centro que nos deja en la plaza da República. Tomamos un plato combinado frente al ascensor que sube a la parte alta de la ciudad y nos disponemos a recorrer sus calles. Pronto nos cansamos de andar y ajustamos un TukTuk, motocarro turístico, para los seis. Ligia Maia, la conductora, resultó ser una guía perfecta y amable, que nos llevó durante una hora larga por los sitios más típicos de la ciudad. Nos mostró sus siete colinas, la Catedral, la fundación Saramago, y nos explicó cosas curiosas de la historia de la ciudad. Después de otro paseo decidimos cenar de “petiscos” aunque hemos de reconocer que nuestras tapas ganan por goleada. Luego tomamos café y un maravilloso surtido de postres en un magnifico local en el centro. Volvemos hacia la Plaza da República para coger de nuevo el autobús y volver al camping.

Día 11.- Después de poner lavadoras, secadoras y de hacer “un cuerpo de casa exhaustivo” salimos de Lisboa, no sin antes despedirnos de Dani y  Yolanda, esta vez definitivamente. No volveremos a coincidir en este viaje pues ellos vuelven a Madrid. Nos escabullimos de las rutas de peaje y no debemos de ser los únicos pues las carreteras locales tienen muchísimo tráfico. Nuestro “Lidl” no podía faltar y aprovechamos para reponer existencias. Paramos a comer en un Restaurante de carretera, O Novo Cangalho, otro éxito culinario donde no falta  el “café con xiringo” o bagazo, según la zona. Salimos rumbo a Évora, otra ciudad que nos sorprende gratamente. Seguimos a Elvas porque Carlos y Helena, amigos de Carlos y Francis se van a incorporar a nuestra expedición y están ya en Badajoz. Nos encontramos con ellos junto al acueducto, y nos instalamos para cenar y pernoctar.

 

Día 12.-La noche ha traído la lluvia pero por la mañana nos da un respiro. Salimos para desayunar a una cafetería cercana y vamos a recorrer la ciudad que nos confirma la buena impresión que nos causó por la noche al llegar. Entramos a visitar la fortaleza. La visita la hacemos a precio de “reformados” (es como llaman aquí a los jubilados). Estas ciudades fronterizas están parapetadas tras sus murallas debido a los siglos que estuvieron defendiéndose de invasiones. Luego, seguimos a Portalegre y a Castelo Branco y almorzamos en un restaurante de carretera entre ambas ciudades. Al atardecer llegamos a Monsanto donde  instalamos nuestro campamento por esta noche en un parking, a la entrada del pueblo. La lluvia nos ha acompañado intermitentemente durante todo el día y ahora también nos visita la niebla. Estamos solos. Cuatro furgos a la entrada de Monsanto y apenas vemos gente.

   

Día 13.- La niebla nos da una tregua por la mañana y después del desayuno hacemos una larga excursión por Monsanto con subida al castillo incluida. Es una zona curiosa, no solo por el castillo medieval y sus alrededores, si no también por la orografía que rodea la población. Enormes rocas redondeadas por la erosión dan lugar a curiosas formaciones que, en ocasiones, sirven de cimentación para las viviendas de la ciudad. Abandonamos esa preciosidad y nos dirigimos hacia la Serra da Estrela. 

     

Paramos a comer en Peroviseu, en un hotelito rural con encanto, después de sortear las dificultades para entrar con las furgos debido a la estrechez de las calles del pueblo. El encargado, un chico joven, profesor de hostelería, se enrolló con nosotros y nos ayudó a desarrollar el itinerario por la sierra hacia donde nos dirigimos a la tarde. La niebla y la noche nos cogen como siempre, sin saber dónde dormiremos. Después de ver el último glaciar del sur de Europa, tenemos que dar unas cuantas vueltas para encontrar un sitio aconsejado para dormir; menos mal que un vecino nos encarrila hacia la playa fluvial de Sabugueiro donde nos acomodamos perfectamente y cenamos bajo techo sin necesidad de abrir toldos. Hace frío y bastante humedad.

Día 14.- Entre Sabugueiro y Coimbra hay un trayecto precioso, sobre todo la parte en que la carretera va paralela al río Mondego. Al llegar a Coimbra nos instalamos en el camping y comemos allí mismo. Nos arreglamos y salimos para el centro de la ciudad en taxi. La parte antigua está en una colina y las cuestas no invitan a mucho paseo pero la parte moderna en torno al río es muy agradable. Recorremos el centro haciendo tiempo para ir a cenar y a oír fados en directo en na Capelha, una antigua capilla acondicionada como restaurante-espectáculo, aconsejados por la recepcionista del camping. Como es viernes los estudiantes están en la calle y hay un ambiente tremendo. La cena no es gran cosa pero el local es precioso y los fados suenan muy bien. Es tarde ya cuando volvemos al camping en taxi, claro.


 Día 15.- Salimos más tarde de lo habitual del camping de Coimbra y, además, tenemos que parar en “Pingo Doce” para hacer las compras habituales. Comemos en Figueira da Foz, camino de Aveiro, en un restaurante frente al puerto. Hoy no acertamos y no comemos como es habitual en el país. Damos un paseo por la fortaleza y seguimos ruta. Como siempre buscando carreteras pintorescas y atajos “ficamos enterrados en area”. Hemos de tirar de winch para rescatar un vehículo de la arena, y, de rebote, pinchamos una rueda. Cambio de rueda y de planes porque se hace ya de noche y no podemos llegar a Aveiro. Después de dar una vuelta por los parkings de la playa, nos quedamos en el Campismo da Praia de Quiaios. Para cenar asamos las castañas que hemos comprado en la carretera y nos bebemos el vino de Oporto. El licor de cerezas no nos salió tan bueno como esperábamos. Menos mal, porque nos lo hubiéramos bebido también. Llueve a ratos y hace viento pero la temperatura es buena.

                                             

Día 16.-Amanece en Quiaios. Son las 8 y empiezan a oírse las puertas correderas. Desayuno, aseo, duchas y “cuerpo de casa” (qué pronto se hace en la furgo!) y en marcha. Preguntamos para no volver a perdernos como ayer tarde, y, por fin, encontramos la carretera que va por la costa. Tal como nos han dicho, está llena de “buracos”, pero sin problema, ”as carrinhas” son a prueba de agujeros. Llegamos a Praia da Tocha, llena de preciosas casitas de madera, como las antiguas de pescadores y todo muy limpio y cuidado como viene siendo habitual en Portugal. 

Hablamos un rato con unos 4x4treros portugueses que han visto la Sprinter y deciden cotillear un poquillo. Cogemos la nacional para llegar a Aveiro y antes de llegar damos unas cuantas vueltas para encontrar una marisquería pero es en vano. Comemos bien pero el único marisco que hay es el de la sopa, el arroz y las brochetas. Entramos en Aveiro, la Venecia portuguesa, y aparcamos en el centro. Helena ajusta precio en un barco salinero para hacer un paseo por los canales. Como sigue lloviznando nos facilitan impermeables, mantas y lo que sea con tal de no perder clientes. Luego vamos hasta Praia da Barra para ver las típicas casas pintadas a rayas y de allí nos vamos al puerto para embarcar a Sao Jacinto. Nos instalamos en la playa, cenamos pizza furgonetera, tertulia y a dormir.

  

Día 17.- Llovió mucho por la noche. Al levantarnos hacemos un corto paseo por la playa, con impermeables, claro,  y vamos a desayunar a un bar del paseo marítimo. Desde allí nos dirigimos a Ovar. Alguien tiene que reparar un neumático pinchado.  Mientras, el resto del grupo pasea por la población. Esta manga es realmente una maravilla. Al cabo de un rato, nos reencontramos de nuevo y proseguimos ruta hacia Oporto. Antes de entrar en Oporto, paramos en Gaia para almorzar. Preguntamos en una gasolinera y, de nuevo, bien aconsejados, acierto con el restaurante. Seguimos hacia el camping en la playa de Salgueiros, también en Gaia. Cogemos el bus para Oporto y damos una vuelta por la ciudad. Escaleras, subidas y bajadas son la tónica de la ciudad. Volvemos pronto porque llueve bastante y Francis se ha quedado a relajar su espalda. El taxi de vuelta nos hace un recorrido precioso de Oporto a Gaia por la orilla del río y las playas, facilitándonos todo tipo de información. Preparamos cena y tertulia hasta tarde, a pesar de la llovizna.


Día 18.- Sigue lloviendo y las previsiones de tiempo no anuncian mejoría por lo que decidimos que sea nuestro último día de viaje en común.
Desayunamos en el paseo marítimo y repetimos la ruta de ayer por la noche para volver a Oporto. Seguimos hasta Braga donde paramos para visitar la ciudad y almorzar. Después  compartimos carretera y charla de walki hasta Cerdeirinhas, donde hacemos una parada para despedirnos. Unos siguen hasta Chaves, cerca de los Arribes del Duero para salir a Zamora y volver a Barcelona y otros tiran p'al Norte, cruzando Geres para salir a Lobios, Orense y llegar a Castro. Al cabo de pocas horas, unos se están bañando (¡vaya vicio!) en unas pozas, y otros buscan sitio donde pernoctar. Siempre habrá clases. Llegamos hasta Vila Real después de seguir una preciosa carretera, de la que no podemos disfrutar debido a la niebla y, después de dar varias vueltas, preguntamos precio en el Camping Municipal. Dado que el recepcionista no puede ofrecernos una tarifa razonable, nos informa de un par de sitios donde pasar la noche. El parking de las piscinas municipales es un buen sitio, pero un paisano nos dice que es una zona privada, y, aunque no dice que nos tengamos que ir, decidimos ir al parking del camping, Ese es público y nadie nos dirá nada.


Día 19.- Entramos en España y nos dirigimos a Zamora. Aparcamos en el centro, damos un paseo por sus calles y, después de alguna compra, cecina y queso principalmente,  Buscamos sitio para comer. y después, carretera y manta. Queremos llegar a Logroño a dormir y hacer unos pinchos, claro. La calle Laurel nos  espera. Dormimos en el Parque junto al Ebro.


Día 20.- Después de desayunar, Helena y Carlos salen "cortando" hacia Vic. Han de devolver la furgoneta y no quieren llegar tarde. Jesús y Ana y Carlos y Francis nos lo tomamos con más calma. Paramos en Arnedo a ver las tiendas de calzado y hacer alguna compra, y al mediodía, nos paramos en un área de picnic en la autovía, cerca de Tudela. A pesar del viento, hacemos un arrocito para reponer fuerzas. Al anochecer estamos ya en nuestras casas no rodantes.

 
Un gran viaje, en tiempo, lugares y experiencias y como siempre con la mejor compañía. Hay que empezar a pensar en la próxima, ¿no?

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